Polenta clásica: Cocida con agua, leche o caldo. Se sirve blanda y cremosa, ideal como base para estofados, salsas rojas (boloñesa) o con abundante queso derretido.
Gachas o porridge: Preparada con leche, miel, frutas y frutos secos para un desayuno nutritivo.
Polenta grillada o frita: Si dejás enfriar la polenta cocida en una fuente, se solidifica. Podés cortarla en bastones o cuadrados y despues dorarla a la plancha con un toque de aceite de oliva ó freírla para hacer "papas fritas" de polenta crocantes. Cocinarla al horno con queso por encima